CRÓNICA DE LA VISITA CULTURAL “TRIANA Y LA IGLESIA DE SANTA ANA”. 18 DE NOVIEMBRE DE 2022.
A la torera hora de las cinco de la tarde estábamos convocados en la Plazuela de Santa Ana, junto a la puerta principal de la parroquia. Allí nos reunimos, con nuestro guía Manu, 15 de los 19 participantes inscritos (el tiempo otoñal que por fin ha llegado ha traído consigo algunos virus que mermaron un poco la asistencia prevista).
Iniciada la visita, Manu hizo una introducción con objeto de enmarcar el contexto histórico del templo que íbamos a visitar: En época almohade se levanta el puente de barcas, primer elemento fijo que consigue la unión de las dos orillas sevillanas, a la par se levanta el castillo de Triana. Con la conquista cristiana, se levanta en el interior del castillo una pequeña ermita bajo la advocación de San Jorge que pasa a ser parroquia del pequeño núcleo urbano que ha surgido alrededor del castillo. En pocos años el crecimiento de Triana es notable y la ermita se queda pequeña, es entonces cuando Alfonso X el Sabio promueve la construcción de una nueva parroquia dedicada a la madre de la Virgen por cuya intercesión el monarca había sanado de una enfermedad que padecía en los ojos. Es en el año 1266 cuando comienza a levantarse la primera iglesia de nueva planta en Sevilla; los otros templos surgidos tras la conquista cristiana lo hicieron aprovechando las mezquitas preexistentes. En la construcción se mezclan la tradición mudéjar y la mano de obra castellana, mezclándose los muros de ladrillo con elementos de cubierta en piedra. Algo singular de esta iglesia es la poca diferencia de altura que existe entre la nave central y las dos laterales, ello propicia la existencia de una cubierta transitable que junto con el almenado perimetral que tuvo originalmente, sirviera de plataforma defensiva ante posibles ataques externos a esta parte de la ciudad que no estaba protegida por el recinto amurallado del otro lado del río.
El acceso al interior del templo lo hicimos a través de la puerta principal, la que más alterada tiene sus trazas originales, después de las sucesivas remodelaciones que soportó el templo, principalmente la llevada a cabo tras el terremoto de Lisboa que le dio la imagen barroca que aún mantiene buena parte de sus fachadas. Entre 1970 y 1972 se realizó una última rehabilitación que suprimió los revestimientos interiores dejando a la vista las fábricas de ladrillo y piedra, perdiéndose así las pinturas murales que las adornaban sus paramentos.
El recorrido por el interior de la iglesia lo hicimos en el sentido contrario del de las agujas de un reloj, deteniéndonos en los siguientes hitos:
Capilla de las Ánimas, levantada al tiempo de la remodelación barroca del templo, alberga a la Virgen del Carmen en retablo del XVIII, sobresale su zócalo cerámico del XVI y su reja de estilo herreriano.
Capilla de la Divina Pastora, con la imagen obra de Gabriel de Astorga de estilo neoclásico.
Lauda sepulcral de Íñigo López, primera obra sevillana del ceramista Niculoso Pisano, personaje fundamental en la historia de la cerámica sevillana en la que introdujo la técnica del azulejo plano y autor, entre otras obras, de la portada de la iglesia del convento de Santa Paula y de los magníficos paños cerámicos existentes en el monasterio de Tentudía. La presente lauda data de 1503 y ha sido recientemente restaurada por un equipo de especialistas, dirigido por nuestro socio Pepe Pizarro. En esta operación, el paño cerámico se extrajo del zócalo en que estaba situado y se ha dispuesto horizontalmente recuperando su disposición original. La principal causa del deterioro que sufría la lauda fue la extraña tradición de que las mocitas casaderas para lograr sus deseos de matrimonio debían dar patadas en el rostro del pobre Íñigo, por lo que hubo que disponer una reja alrededor del zócalo, pero ni así. Ahora, una vez restaurado y protegido por una urna de vidrio blindado, el bueno de Íñigo López, espartero de profesión, descansa verdaderamente en paz con su rostro recuperado.
Capilla de la Virgen de la Victoria, con la imagen de la Virgen proveniente del convento de los Mínimos de San Francisco de Paula que existió alrededor de donde ahora está la iglesia de los Paules de la calle Pagés del Corro. A esta imagen rezaron Magallanes, antes de iniciar la vuelta al mundo, y Sebastián Elcano, al término de la misma. La nao Victoria, única que supervivió a la hazaña, debe su nombre precisamente a esta imagen de la Virgen.
Capilla de San Joaquín. En una iglesia dedicada a Santa Ana, no podía faltar una capilla con la imagen de su esposo. Fue realizada por Blas Muñoz de Moncada en el s. XVII. A través de ella accedimos a la cripta, siguiente hito del recorrido.
Cripta. El subsuelo del templo tiene las habituales criptas de las iglesias. Solo es visitable la de la nave derecha y en ella se dispone un pequeño museo con enseres religiosos, donde destacan algunos elementos muy valiosos como el portapaz gótico de principios del XVI auténtica joya de orfebrería.
De nuevo en la nave de la derecha destaca, en su muro lateral, una pintura anónima de 1515 que en la parte superior representa la adoración de los Reyes Magos y en la inferior a las santas Justa y Rufina donde destaca una visión simplificada de la Sevilla de la época, con el puente de barcas cruzando el río y las edificaciones principales de ambas orillas.
En la cabecera de la nave nos encontramos con la capilla con nervaduras góticas donde se venera al Cristo del Socorro, y decorada con pinturas al temple del siglo XVIII. La imagen del Cristo está realizada con la técnica del papelón (pasta de papel e interior hueco).
A continuación pasamos a admirar el retablo del altar mayor, el mejor considerado de la retablística renacentista en Sevilla, obra de Nicolás Jurate y Nufro Ortega, con quince tablas de Pedro de Campaña que narran la vida de Santa Ana y de la Virgen María, en torno al camarín con las imágenes de Santa Ana, la Virgen y el niño Jesús, a excepción del que representa a San Jorge luchando contra el dragón y las de las hermanas de la Virgen, María Cleofás y María Salomé, ambas con sus hijos. Los hijos de María Salomé fueron Juan el Bautista y Santiago el Mayor, por lo que nos encontramos con una de las escasas representaciones del apóstol Santiago siendo niño. En los laterales del retablo se encuentran seis tallas, entre ellas una de Santiago Apóstol.
Pasando a la nave de la izquierda, en la cabecera nos encontramos con la capilla de la Virgen del Rosario, imagen del XIX y proclamada patrona de capataces y costaleros.
A continuación está expuesta la custodia de plata del s. XVIII que procesiona por Triana con ocasión del denominado Corpus Chico que se celebra el domingo siguiente al jueves de Corpus.
Continuando con el recorrido, llegamos a la Capilla Sacramental con bóveda ornamentada con pinturas al temple y donde se venera una imagen de la Inmaculada de principios del s. XVIII.
Volviendo a la nave central pudimos admirar el coro con una sillería del XVII y unas rejas del XVIII y dos órganos de trazas barrocas.
Volviendo a la nave de la izquierda, nos detuvimos en la capilla de San Cristóbal, con bóvedas estrelladas del XV. En su interior destacan los zócalos cerámicos.
En el trasdós lateral del coro pudimos contemplar la capilla de las Santas Justa y Rufina, en cuyo retablo, además de las imágenes de las santas sevillanas, figuran las de San Francisco de Paula y de Santa Teresa.
Siguiendo por el lateral izquierdo nos encontramos con la capilla del bautismo. Colindante a ésta se encuentra, a los pies de la nave, la capilla de San Francisco, simétrica y coetánea de la ya descrita capilla de las Ánimas a los pies de la nave derecha.
Como última parada en el interior de la iglesia nos detuvimos a admirar el cuadro de la Virgen de la Rosa situado en el trascoro, obra de Alejo Fernández realizada en 1525.
Una vez ultimada la visita a la iglesia nos desplazamos al inmueble sito en el número 44 de la calle Pureza donde la Asociación Niculoso Pisano de amigos de la cerámica ha colocado una placa recordando que en este lugar se encontraba la vivienda y el taller del afamado ceramista italiano que da nombre a su Asociación.
De aquí nos trasladamos a la Capilla de los Marineros de azarosa historia desde que se termina en 1815. En 1868 se desacraliza, la hermandad de la Esperanza de Triana se traslada a la iglesia de San Jacinto y la capilla pasa por los más variados usos, desde iglesia anglicana, almacén de madera, cabaret y salón de cine. Hasta 1962 no vuelve la hermandad de nuevo a su capilla.
Continuando el paseo por la calle Pureza llegamos a la denominada Casa de la Columnas, hoy centro cívico municipal y en su día sede inicial de la Universidad de Mareantes que luego construyó su nueva sede, el conocido Palacio de San Telmo.
Siguiendo con el paseo trianero nos desplazamos hasta el cruce de las calles Troya y Fortaleza, donde Manu nos mostró una foto del arquillo que allí existió hasta los años 60 del siglo XX y nos habló de las varias dramáticas explosiones ocurridas en almacenes de pólvora que existían por este extremo del barrio.
Allí mismo también nos habló de la casona colindante conocida como Casa de Monipodio y mencionada por Cervantes en su novela ejemplar de Rinconete y Cortadillo tal como se narra en la lápida cervantina existente en la fachada lateral del edificio. Saliendo por c/ Troya en dirección a c/ Betis, pudimos admirar la fachada principal de la Casa, que estuvo funcionando como casa de vecinos en el siglo XX y que hoy se encuentra cerrada y abandonada. En ese punto Manu nos mostró una foto antigua del conocido como puerto Camaronero situado en la colindante orilla del río, en que se observaba como las cigarreras de Triana se disponían a coger la barcaza que las trasladaba a la otra orilla cercana a su lugar de trabajo, la Fábrica de Tabacos.
Para finalizar el paseo nos dirigimos a la plaza de Cuba, junto al antiguo convento de Los Remedios, donde se ubicaba el llamado puerto de las Mulas o de las Muelas, desde donde partió Magallanes para iniciar la vuelta al mundo y a donde arribó Juan Sebastián Elcano el 8 de septiembre de 1522.
En este lugar y siendo algo más de las 19,15 h se dio por concluida la jornada cultural y de paseo trianero. Aquí nos despedimos emplazándonos para la siguiente visita del 17 de diciembre en que pasearemos por Sevilla tras las huellas santiaguistas que permanecen en la ciudad. Como ya es tradición, algunos aprovechamos para degustar las delicias culinarias del barrio visitado. En esta ocasión Triana, como era de esperar, no nos defraudó.
Fotos del Evento
