Como colectivo ciudadano, no podemos por menos que rendir un homenaje a un hombre íntegro como él, ejemplo de ética y valores. Dicen,los que han conocido a Mandela, que era difícil no sucumbir a sus encantos y no sentir admiración por él.
Porque su comportamiento como ser humano, su empatía, su respeto a los demás, envolvía y seducía. Pero destacaba, sobre todo, su espíritu reconciliador, habiendo sabido aparcar el odio la violencia y la venganza.
Porque Mandela, es cierto, tuvo un pasado violento. Pero en los 27 años que pasó en la cárcel revisó su espíritu de revancha. Y resurgió como una persona que puede ser tomada como referente, no solo para los políticos sino para las buenas personas.
Quiero compartir contigo, amigo lector, unas palabras de sus memorias que para mí son un referente importante de tolerancia, de reconciliación y de fe en el hombre, en el hombre bueno:
“A punto de salir de la cárcel Badenhorst se dirigió a mí y me dijo: sólo quiero desearle a usted y a su gente buena suerte. Badenhorst probablemente había sido el más cruel y salvaje jefe que habíamos tenido en la cárcel. Pero ese día me había revelado que existía otro aspecto de su naturaleza. Un lado oscurecido pero que ahí estaba. Me ha servido siempre de recordatorio de que todo ser humano, incluso los más sangrientos, tienen una parte noble, y si su corazón es movilizado son capaces de cambiar”
Mandela fue un hombre de gestos que daba mucha importancia a los símbolos. Sabía hacerlo y apelaba no solo a la razón sino tanto o más al corazón.
Cuando se jugó en Sudáfrica la final de de la Copa del mundo de rugby Mandela, que era entonces el presidente del país, se presentó con la camiseta verde de la selección sudafricana.
En un país con un grave problema racial la camiseta representaba para los negros todo un símbolo de represión y de odio mientras que para los blancos era casi una religión. Cualquier político habría interpretado aquel partido de rugby en clave de amenaza y riesgo, por el posible enfrentamiento entre blancos y negros, y se habría puesto a la defensiva.
Mandela lo vio con otros ojos y con una visión estratégica, pacificadora y constructiva.
Superar el deseo de venganza. Transformar un símbolo que generaba odio y división en uno de reconciliación. Apelar al corazón del hombre, con la convicción de que se puede movilizar y cambiar. Creer en el hombre. Son lecciones maravillosas que me suscita la reflexión de la vida de ese hombre que se nos acaba de ir.
FUENTE: Religión Digital
Documental sobre la obra y la vida de uno de los artistas mas reconocidos a nivel mundial.
Conocido por sus pinturas como el pintor del camino, o el artista pregrino, mariano de souza es hoy por hoy un referente de la pintura ,mística y contemporanea.
Para contactar con el artirta, dirigirse a su correo electronico
VIDEO: http://www.youtube.com/watch?v=gjpg6aEufOk
FUENTE: Juan Carlos Soto
Como reza en la inscripción fundacional Nicolás Verdun hacia el año 1181 terminó una de las obras de arte más famosas de la Edad Media realizada para la colegiata de Klosterneuburg.
Según estimación profesional su trabajo pudo haber durado aproximadamente diez años. Entonces las placas de esmalte no formaban un retablo, sino un deslumbrante revestimiento del ambón. El Retablo de Verdun, tal como se conserva hoy, es famoso en todo el mundo.
El sexto prepósito, Wernher, consagró esta obra a Virgen María en el año 1181.
El 13 de Septiembre de 1330 se declaró en la ciudad de Klosterneuburg un asolador incendio, que también alcanzó a la colegiata y la redujo a cenizas. A duras penas se pudo salvar de las llamas esta valiosa obra de esmaltes, rociándola con vino porque el agua para extinguir el incendio se había terminado hacía ya tiempo.
El prepósito Stefan von Sierndorf, reconstruyó la colegiata de forma resplandeciente y modificó también esta obra. En un taller vienés fue completada con seis nuevas tablas y transformada en un retablo. En 1331 se terminó la reconstrucción del retablo, al menos en todo lo relacionado con los esmaltes. Después de pasar por diferentes ubicaciones, durante el barroco fue colocado en la capilla de Santa Afra/San Nicolás dentro de la cámara del tesoro y al lado de la tumba del fundador de la colegiata, San Leopoldo.
En 1833, en una remodelación de la colegiata llevada a cabo por Joseph Kornhäusel, esta obra alcanzó su actual emplazamiento sobre la tumba de San Leopoldo.
Posteriormente se colocó sobre este retablo el relicario de San Leopoldo, fundador de esta colegiata, que se puede ver en la actualidad.
Tras la supresión de la colegiata por los nacionalsocialistas en 1941, este retablo debía enviarse a Berlín como joya valiosa para el proyectado “Museo del Führer”. Cuando ya se había terminado de hacer una copia en madera de este retablo para colocarlo en su lugar, el final de la guerra impidió que se llevase a cabo este expolio. En los años 1949-1951 se completaron algunas piezas que faltaban.
La composición de los cinco esmaltes que aquí se presenta como Imagen del Mes, pretende llamar la atención sobre estas cinco imágenes referenciales de Adviento y de Navidad. Pertenecen las cinco a la zona central, “Sub Gratia”.
Programa Teológico
El retablo, tal como se ofrece hoy a los espectadores, permite reconocer a primera vista que en él se halla, como fundamento en cuanto al contenido, un concepto meditado con exactitud. La larga inscripción fundacional en hexámetros leoninos y las transcripciones informativas de la propia tabla dan fe de esto. La obra ofrece una enorme vista panorámica sobre el plan divino de salvación, comenzado por la revelación primigenia hasta su plenitud al final de los tiempos: por eso las tablas están montadas en tres zonas horizontales, que corresponden a las tres épocas de la historia de salvación. Cada una de estas zonas está formada por diecisiete piezas de esmalte.
La zona superior se designa “ANTE LEGEM” (antes de la Ley) y comprende el tiempo que discurre desde la Creación del mundo hasta Moisés, el tiempo de la Revelación primigenia en la que Dios se manifestó a los patriarcas.
La zona inferior lleva la indicación “SUB LEGE” (bajo la Ley), por tanto abarca el espacio de tiempo comprendido entre la legislación del Sinaí hasta el fin del Antiguo Testamento. Es el tiempo de una Revelación, que sólo concierne al Pueblo Elegido, al Pueblo de Israel.
La zona central aporta finalmente el cumplimiento de los modelos vetero- testamentarios en la Nueva Alianza “SUB GRATIA” (bajo la gracia). Se trata de la época mesiánica, en la que nosotros hoy aún vivimos.
Esta graduación consecuentemente realizada en tres períodos de la historia de salvación no se halla en ninguna otra obra de arte. Jamás tres imágenes que están unas sobre otras se unen en un grupo vertical y de este modo se contraponen los prototipos ‘ante legem’ (zona I) y ‘sub lege’ (zona III) con la plenitud sub gratia’ (zona II). Los acontecimientos veterotestamentarios y las personas son los modelos (tipos) del acontecimiento de gracia en el Nuevo Testamento.
El Autor: Nicolás Verdun
La inscripción fundacional del altar indica expresamente el nombre del artista francés: Nicolau Virdunensis – Nicolás de Verdun, sin embargo nuestros conocimientos sobre este artista son muy escasos: Sólo tres de sus obras han llegado hasta nosotros sin que se pueda dudar de su autoría:
El Altar de Verdun, cuya realización según los expertos pudo durar diez años y estuvo terminada en 1181.
El Relicario de María en Tournai, año 1205.
El Relicario de los Tres Santos Reyes Magos de Colonia, realizado entre 1181 y 1230. En esta obra su colaboración fue decisiva en la configuración de las partes laterales.
Atribuirle a Nicolás Verdun otras obras resulta muy problemático.
Técnica del esmalte
La técnica de esmaltar con la que el Maestro Nicolás Verdun creó su famosa obra de tablas es ancestral y ya era conocida por los antiguos egipcios. Sobre un soporte de metal se vierten vidrios en pasta fundidos que se colorean mediante el óxido metálico. El arte del esmalte alcanzó su punto culminante en Bizancio en los siglos X y XI y en Occidente en los siglos XII y XIII.
Hay que diferenciar dos modos de trabajo: cloisonné y champlevé.
En el ámbito del arte bizantino sólo se halló el empleo de rellenar con esmalte los alvéolos o cavidades dejadas expresamente en las piezas. Estos compartimentos sobresalen del plano por finos bordes llamados cloisons; a veces estos bordes son realizados con hilos metálicos que se adhieren a la superficie de la lámina que forma el objeto. El esmalte se queda unido como un relleno dentro de las cavidades por medio de la fusión.
En el champlevé se procede al contrario: sobre una placa de metal (la mayor parte de las veces de cobre), que no puede ser demasiado fina, se graba el dibujo, después con el buril se concluye con más exactitud para que todas aquellas partes, que deben recibir después el esmalte, se eleven. Estos ahondamientos se llenan con esmalte de diferentes colores, que después se funde en muflas a temperaturas entre 800 y 1000 grados Celsius. Las partes metálicas visibles son finalmente doradas al fuego y pulidas. El esmalte de este Altar de Verdun se fundió a una temperatura aproximada de 1000 grados Celsius y por eso es extraordinariamente resistente.
FUENTE: Mozarabía
Pedro de Mezonzo (930 – 1003) es un personaje muy vinculado con la Tradición Jacobea, que se presta mucho al relato novelesco aunque de fondo histórico, como es el encuentro entre Almanzor y el monje que custodiaba, en Compostela, el sepulcro apostólico.
Buen ejemplo de ello es la obra de Jesús Sánchez Adalid, “El Mozárabe”, preciosa novela que sabe engarzar lo histórico con lo novelesco, con un final antológico que enlaza con el mismísimo testimonio de la Tradición Jacobea. Dicho final está tomado de la Historia. Fue real ese encuentro en el sepulcro compostelano entre Almanzor y ese monje que Sánchez Adalid convierte en Asbag, personaje también histórico que fue obispo de Córdoba y contemporáneo de Almanzor. El encuentro con el monje se acepta como histórico porque hay coincidencia plena en los relatos tanto de las crónicas cristianas como de las musulmanas, y así lo recoge el Bayan al-Mugrib de Ben Idhari, según versión francesa de Fagnan, que Sánchez Albornoz recoge en su España Musulmana.
Pero ya anteriormente otros autores especulaban con la posibilidad de que tal monje fuera el mismo Pedro de Mezonzo, que fuera canonizado como santo. San Pedro de Mezonzo, autor de la Salve, es un personaje histórico de extraordinario valor para Compostela y su tradición. Pero es más que eso, es un elemento legendario que daría para escribir novelas fantásticas no demasiado ajenas a una realidad factible.
Pedro de Mezonzo fue abad del monasterio de Antealtares en tiempos en que eran estos monjes benedictinos quienes custodiaban las reliquias y administraban el culto al apóstol, y que llegó a ser obispo de Compostela en los albores del primer milenio de la era cristiana, la difícil época en que se dio la destrucción de la ciudad del Apóstol por Almanzor, incluida la Basílica y el propio edículo sepulcral, aunque parece que finalmente el caudillo sarraceno respetó el sepulcro y su contenido santo.
Pedro de Mezonzo es el heredero directo de una tradición que se inicia en el Obispo Teodomiro, cuya tumba reubica en la restauración de la Basilica compostelana destruida por Almanzar, rehabilitando en muy poco tiempo el culto y la actividad de la villa. Poco más de un siglo del descubrimiento de la tumba de Santiago, Pedro de Mezonzo no es el iluso ni el impostor de turno que empeñado en mantener un fraude, sino un transmisor de un conocimiento y de una fe en la que no solo cree, sino que además custodia con su persona.
Alguna tradición dice que Pedro de Mezonzo abandono con toda la población la ciudad de Compostela, refugiándose en algún lugar recóndito no muy lejano, llevando consigo los restos del Apóstol y de sus discípulos debidamente protegidos, mientras Almanzor destruía totalmente la ciudad y la Basílica apostólica, llegando su caballo a beber agua de la pila bautismal, e incendiando el edículo sepulcral tal y como acreditan los hallazgos arqueológicos. Se dice que Almanzor no se atrevió a profanar el sepulcro al encontrar allí a un monje custodiando las santas reliquias, circunstancia que es recogida tanto por la crónicas cristianas como por las musulmanas, lo que da al acontecimiento un significado de alto valor histórico.
No falta alguna versión, acaso algo novelesca pero no exenta de cierta verosimilitud, de que ese monje custodio era el propio Pedro de Mezonzo que se mantuvo ante la desbandada general al pie del cañón para cumplir su sagrada obligación. Desde esta opción no me resulta difícil imaginar el cruce de miradas, la de Almanzor, soberbio, victorioso, pero sumiso ante lo sagrado, y Mezonzo, humilde y frágil pero portador de una verdad inviolable. La crónica nos transmite incluso un breve diálogo: “¿Por qué estáis ahí?”, preguntó el caudillo, “¡Para honrar a Santiago!”, respondió el monje, y el vencedor dio orden de que le dejaran tranquilo, y mandó colocar guardias para hacer respetar la tumba y las sagradas reliquias.
Sea cual fuere la versión y fuera cual fuera el protagonismo de Pedro de Mezonzo, ambas confluyen en una conclusión común, la de que es una conexión entre la historia y la leyenda pero dando garantía de veracidad a una tradición de la que él es heredero muy inmediato y que nos transmite con todo su valor a pesar de la duras circunstancias que le tocaron vivir.
La destrucción de Compostela por el musulmán, da al traste con las demagógicas argumentaciones de que Santiago es producto del oportunismo, de la necesidad de crear un emblemático matamoros, de un líder milagrero y belicoso que tomara partido por la causa cristiana decantando la suerte a quien más la merece por razones de fe, ¿Iba a permitir el alto protector de la hispanidad y de la cristiandad, el milagroso guerrero de Clavijo, que Compostela fuera saqueada y destruida?. Resulta además que Almanzor fue apoyado por mercenarios y soldados cristianos que se aliaban de un lado o de otro según las circunstancias y las conveniencias.
Mezonzo vio la destrucción absoluta, sin dejar piedra sobre piedra, de Compostela. Pero la verdad que el custodiaba era de rango mayor, por eso no le faltaron fuerzas para reconstruir la Basílica sobre la que la ciudad de Compostela vuelve a renacer, convirtiéndose en la garantía de que esos restos custodiados eran los depositados allí desde los inicios de la cristiandad y descubiertos por el Obispo Teodomiro de quien él era sucesor.
Pedro de Mezonzo es un punto de inflexión de lo jacobeo en que, representando la fe en el Apóstol, sin milagros, sin oportunismos, sin mitologías legendarias, sin matamoros, representa el conocimiento de que lo que lo que allí se venera son las reliquias del Apóstol Santiago el Mayor.
FUENTE: Blog Tradición Jacobea, Alberto Solana
Los vecinos consideran insuficiente la sustitución de tejas.
La asociación de vecinos Valle del Silencio de Peñalba de Santiago alertó el pasado 26 de Noviembre sobre los problemas de humedades que arrastra la iglesia mozárabe de la localidad e instó a la Junta de Castilla y León, titular de las competencias en Patrimonio, a acometer los trabajos de drenaje de las aguas pluviales pendientes desde hace casi veinte años. «Son unas obras que estaban previstas desde 1995 y aquí seguimos», se quejó el portavoz vecinal, José Manuel Neira.
La asociación de vecinos insistió en que la iglesia necesita una zanja perimetral que evacue las aguas pluviales que caen desde el tejado —el monumento no dispone de canalones, que alterarían su arquitectura original— y evite las filtraciones desde el suelo hacia las paredes del templo.
Neira aseguró que las pinturas mozárabes del interior del templo no se han visto afectadas, pero podrían sufrir el efecto de la humedad si no se hace nada. «La iglesia no se va a caer. Ha durado mil años y puede durar otros mil. Pero tenemos que defender lo nuestro», afirmó el portavoz vecinal.
Neira reconoció que técnicos de Patrimonio han realizado un estudio de las humedades este otoño, con la iglesia rodeada de andamios para reponer algunas tejas de la cubierta, pero insistió en que el principal problema del templo son las filtraciones y considera que las obras de drenaje, que impermeabilicen la cimentación del edificio del siglo X no pueden esperar más tiempo.
El portavoz vecinal advirtió que el templo sufre humedades en las paredes del interior en la bóveda, debido a la «capilaridad» de los muros, o lo que es lo mismo, la filtración del agua de lluvia que se acumula en el terreno. También sería necesaria una intervención a fondo en la cubierta.
Neira lamentó que las obras ejecutadas hace una década por la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León, entidad formada por la Junta y entidades bancarias de la comunidad, no hayan tenido continuidad. Además de la limpieza de las pinturas, todavía estaría pendiente una recuperación del color y medidas para protegerlas. «Sólo se ha concluido la primera fase. En la iglesia de Peñalba hay trabajo para muchos años» aseguró. «Y sabemos que la Junta está en ello, pero llevamos demasiado tiempo esperando y no acaban de empezar», añadió el portavoz de los vecinos de Valle del Silencio.
FUENTE: Diario de León
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