CRÓNICA DE LA VISITA CULTURAL “EL CONVENTO DE SAN CLEMENTE Y ALREDEDORES” 4 DE MARZO DE 2023
A las diez y media de la mañana nos dimos cita en la puerta de acceso al Convento, en la calle antiguamente denominada Reposo de las Monjas (ahora simplemente Reposo). Allí mismo y con puntualidad horaria, Manu, nuestro guía, nos hizo una introducción histórica del edificio ante el que nos encontrábamos. El Convento se funda por el rey San Fernando tras la conquista de la ciudad en 1248, en terrenos colindantes a la puerta llamada Vib-Ragel de la muralla musulmana. Queda bajo la advocación de San Clemente por la coincidencia de su festividad con la del día de la rendición de Isbilya (23 de noviembre). La puerta de acceso está presidida por un retablo cerámico del siglo XVIII que representa a San Clemente sentado, con los atributos de Papa (fue el cuarto en el orden cronológico del papado) y sujetando un ancla con su mano izquierda como símbolo de su martirio ya que fue amarrado por el cuello a un ancla y arrojado al mar. Llama la atención, por ser poco usual entre los conventos sevillanos, el caso de éste de San Clemente que desde su fundación no ha cambiado de emplazamiento ni de orden religiosa (monjas cistercienses), con la única modificación de una reducción de los límites de sus propiedades, que inicialmente fueron más extensas, incluyendo terrenos de huertas que posteriormente se convirtieron en parcelas edificables. Aparte de estas propiedades el Convento llegó a tener un importante patrimonio en fincas rústicas y más de 200 casas en la propia ciudad, lo que generaba excelentes rentas para el mantenimiento de la institución.
La Orden del Cister se fundó en 1098 por San Roberto, San Esteban y San Alberico, buscando una vuelta a la pobreza y el rechazo de los bienes temporales. En el caso español siempre mantuvo una gran vinculación con la monarquía, lo que se acredita, en el convento sevillano, con las importantes concesiones reales de las que gozó y el enterramiento de una reina y tres infantas en el interior de su iglesia.
Una vez realizada la introducción, accedimos al interior del recinto monacal, visitando en primer lugar el compás que antecede a la iglesia y desde el que pudimos contemplar el trasdós de la portada que comunica con la calle Santa Clara, el gran volumen prismático de la iglesia, los pináculos piramidales que adornan las esquinas de su cubierta y la esbelta espadaña de principios del XVII, una de las más bellas que existen en la ciudad.
El acceso al interior de la iglesia se realiza a través de un elegante pórtico del siglo XVII con reformas del XVIII. Sobre el dintel de la puerta de entrada a la iglesia está grabado el final de la Salve y sobre los paramentos laterales pueden apreciarse antiguas “pintadas” con los tradicionales vítores estudiantiles.
La iglesia se construyó en el siglo XVI en sustitución de la medieval. Presenta la tradicional tipología conventual de nave de cajón con cubierta de excelente artesonado de madera de cinco paños. Tras un gran arco toral, el presbiterio se cubre con cúpula semiesférica. A los pies de la nave se sitúan los coros, el alto y el bajo. La simplicidad de sus líneas exteriores contrasta con la riqueza ornamental de su interior. De la mano de nuestro guía fuimos recorriendo con detalle el patrimonio histórico y artístico que atesora este espacio.
Los paramentos interiores, a partir de un magnífico y elevado zócalo cerámico, están cubiertos de pinturas al temple simulando yeserías y representando motivos vegetales, escudos de órdenes militares y personalidades de la orden del Cister. Las pinturas del cerramiento de los coros se deben a Valdés Leal, destacando la que representa al rey San Fernando que incorpora un marco de madera como si de un cuadro se tratara. Las pinturas del presbiterio las inició Valdés Leal y, tras su muerte, las ultimó su hijo Lucas Valdés.
En el muro de la izquierda hay tres retablos, el de los pies está dedicado a San Fernando y data de la década de 1670. Las pinturas y la escultura del titular se deben al taller de Pedro Roldán. El siguiente retablo está presidido por la Virgen de los Dolores; fechable en el siglo XVIII, está coronado por la imagen de San Juan Evangelista escribiendo el Apocalipsis y sobre el altar figura una espléndida y pequeña talla de San José. El retablo más cercano al presbiterio es el de la Virgen de los Reyes, imagen fernandina de mediados del XIII, a sus lados aparecen las esculturas de San Francisco de Asís y del cisterciense San Nicolás Harding.
En el muro de la derecha y a ambos lados de la puerta de entrada al templo, se disponen sendos retablos; el de los pies de la nave dedicado a Santa Gertrudis, monja que anticipó la devoción al Corazón de Jesús y que está representada en una pintura de Lucas Valdés, debajo de la cual aparece una urna acristalada con la figura de Cristo yacente. El otro retablo, seguramente el de mayor interés de los cinco existente en los laterales, es el presidido por la figura de San Juan Bautista. El retablo, los relieves del primer cuerpo y la escultura central se deben al escultor manierista Gaspar Núñez Delgado, posteriormente Francisco de Ocampo completa el trabajo escultórico con los relieves del cuerpo superior. La policromía del retablo y sus pinturas se deben a Francisco Pacheco.
En el presbiterio destacan la tumba de la reina castellana María de Portugal y el retablo mayor.
Los restos de la reina descansan en un sencillo sepulcro de piedra cobijado por un arco en el lado del Evangelio. Su historia, plena de avatares e intrigas, nos fue narrada por Manu: María, prima del rey Alfonso XI, se casa con éste en 1328 y, aunque tarda en tener descendencia, finalmente da un heredero a la corona, el que será Pedro I el Cruel. Ante dicha tardanza el rey conoce a una noble dama, Leonor de Guzmán, con la que decide compartir amoríos y de camino asegurarse una extensa prole; con ella tiene diez hijos, entre ellos Enrique de Trastámara que llegó a reinar tras matar a su hermanastro Pedro I. En el contexto de la guerra con los musulmanes y los apoyos que Alfonso XI necesitaba de Portugal, éste llegó a repudiar a Leonor, para congraciarse con su suegro el rey portugués, pero una vez conseguido sus objetivos con la victoria en la batalla del Salado volvió a las andadas con su amante y mientras María ahora dentro y luego fuera de la corte. Una vez muerto Alfonso XI, la reina vive fuertes enfrentamientos con su propio hijo Pedro I y, finalmente María, “despechá” como Rosalía, se venga haciendo matar a Leonor y vuelve a su Portugal natal, donde fallece a los 44 años de edad.
El retablo mayor, uno de los más interesantes de la retablística sevillana, es obra de mediados del siglo XVII. Su autor es Felipe de Ribas que cuenta con la ayuda de Gaspar de Ribas. Se ejecuta con madera de borne y cedro. La policromía y el dorado se deben a Valdés Leal. Lo preside la escultura de San Clemente con su pertinente ancla, sobre él la escultura de la Inmaculada y, rematando la calle central, un magnífico Crucificado. En los laterales del primer cuerpo aparecen las figuras de los santos Benito de Nursia y Bernardo. En los laterales del segundo cuerpo se inscriben las esculturas de los dos reyes santos de la monarquía hispana, Fernando y Hermenegildo.
Una vez concluido el recorrido por el interior de la Iglesia nos dirigimos a la dependencia donde las monjas ofrecen las delicias de sus elaboraciones (mermeladas, dulces, velas, etc). Tuvieron especial éxito los denominados “corazones de Santa Gertrudis”, dulce que antes solo elaboraban en noviembre, coincidiendo con la festividad de la santa, pero que ahora se puede adquirir durante todo el año.
Una vez abastecidos para la merienda vespertina, salimos del recinto conventual e iniciamos un paseo por las calles del entorno, el que en tiempo se denominó barrio de Portugalete. Primeramente nos paramos en la calle Santa Clara para admirar el frente de la portada de acceso al Convento (la que antes habíamos visto por su interior desde el compás). Dicha portada está coronada con un paño cerámico del XVIII en que se representa al rey San Fernando. Luego nos dirigimos hacia la calle Arte de la Seda donde antiguamente se asentaban los artesanos dedicados a la elaboración de paños de seda. En ella nos detuvimos ante una de las subcentrales eléctricas que diseñó, con aires moriscos, el arquitecto regionalista Antonio Arévalo para la Compañía Catalana de Gas y Electricidad y que todavía se conservan felizmente en la ciudad. Siguiendo con nuestro paseo llegamos a la calle Lumbreras, llamada así desde época medieval por las lumbreras (husillos o imbornales que recogían las aguas para dirigirlas al cercano río). De aquí nos adentramos en la calle Crédito con sus casitas adosadas promovidas en el siglo XIX por la Sociedad de Crédito Comercial, a la que se debe el nombre de la calle, operación inmobiliaria en la que se levantaron dos nuevas manzanas sobre parte de los terrenos del extremo norte de la Alameda de Hércules. Luego nos detuvimos ante la Capilla de la Virgen del Carmen también conocida como de la Cruz del Rodeo en referencia a la que existió en dicho lugar que tenía una base a la que había que rodear para cumplir con las estaciones del Vía Crucis que en ella estaban grabadas. Subiendo por la calle Calatrava, llegamos hasta el actual Colegio Safa asentado en los terrenos de lo que fue Convento de San Benito de la Orden de Calatrava y que fue totalmente expoliado durante la ocupación francesa; como dato curioso, Manu nos comentó que la Iglesia de este Convento fue la primera sede de la Hermandad de las Cigarreras. Siguiendo con el paseo llegamos hasta los denominados Altos Colegios, junto a la calle Resolana, que fueron costeados por la Real Maestranza de Caballería y que en su momento contó con todos los adelantos funcionales y pedagógicos de la época, desde allí contemplamos la llamada Torre de los Perdigones, resto de la fábrica San Francisco de Paula (1880) dedicada a la elaboración de transformados de zinc y plomo como los perdigones o balines que se conseguían vertiendo, en la planta superior de la torre, plomo líquido sobre chapas con orificios lo que dejaba pasar gotas del plomo que en su caída solidificaban y se convertían en las pequeñas esferas que luego se usaban en las escopetas de caza o ferias.
En este lugar y después de dos horas se dio por concluida la jornada donde conocimos algo más de la historia de Sevilla y de su rico patrimonio. Allí nos despedimos emplazándonos para la próxima visita cultural del 14 de abril, un viernes por la tarde en que haremos una ruta tras las huellas santiaguistas en nuestra ciudad y que promete ser muy interesante ya que visitaremos lugares poco conocidos para los sevillanos.
Fotos del Evento
